Qué es la fiebre del heno o Rinitis Alérgica

La rinitis alérgica, también conocida como fiebre del heno, es una de las afecciones más comunes, pues aproximadamente el 20% la población mundial la padece y el problema se agrava durante la primavera y el verano.Nariz tapada, mucosidad, ojos llorosos y estornudos contantesson solo algunos de los síntomas más comunes, muchas veces confundidos con el resfriado común o gripe.

Aunque no es una patología grave, puede llegar a ser bastante molesta para las personas que la padecen y si no se recibe el tratamiento adecuado, los síntomas pudieran empeorar exponencialmente, ocasionando complicaciones en el futuro.

que es la fiebre del heno

Por qué se llama fiebre del heno

El nombre de esta patología se debe al médico inglés John Bostock, quien en un principio pensaba que la causa se originaba únicamente por la emanación de partículas de heno fresco, por lo que popularmente se le conoce como “fiebre de heno” a este tipo de alergia. Es interesante que él mismo padecía de rinitis alérgica o alergia estacional, pero en el momento nadie de la comunidad científica reconocía esta enfermedad, razón por la cual decidió demostrar su existencia.

Después de diversas investigaciones, se determinó que el polen era el principal causante de esta alergia o rinitis. Los síntomas característicos de la fiebre del heno son la congestión y goteo nasal, irritación de los ojos, fatiga, picazón en nariz, garganta y paladar, estornudos, tos, dolor de cabeza y piel inflamada debajo de los ojos.

Causas de la fiebre del heno

Básicamente es una reacción del sistema inmune ante un alérgeno ambiental, es decir, a un agente externo que genera irritabilidad en la mucosa nasal, siendo el polen el más común, especialmente en primavera y verano. El polvo, los ácaros y el pelaje de perros y gatos son otros de los agentes que pueden desencadenar este tipo de alergia.

Todo se debe a la histamina, un químico que segrega el cuerpo en el torrente sanguíneo ante la presencia de una sustancia inocua que es considerada nociva, lo que causa los síntomas de la rinitis alérgica. Los anticuerpos envían una señal al sistema inmunitario, liberando la histamina, por lo que esta afección puede ser considerada una sobreestimulación del sistema inmune.

De igual manera, la polución o contaminación ha sido un factor determinante en la aparición de esta patología, pues produce una inflamación en la mucosa que facilita la absorción de alérgenos, explicando el gran aumento del porcentaje de personas que la padecen en el último siglo. La cantidad de polen en el aire es otro aspecto a tener en cuenta en el desarrollo de la alergia, siendo los días calientes, secos y con viento los que más polen presentan en el aire.

Tratamientos de la fiebre del heno

Existen diversos tratamientos para aliviar los síntomas de la rinitis alérgica. La mayoría de ellos son bastante simples y rápidos de aplicar.

La principal recomendación es alejarse de todos aquellos agentes externos que causen la alergia o reducir al máximo la exposición. Si el principal alérgeno es el polen, lo más adecuado es tomar las medidas necesarias, por ejemplo, cerrar puertas y ventanas durante la temporada de mayor proliferación, utilizar aire acondicionado en casa en lugar de ventilador, y asegurarse de limpiarlo con frecuencia, además de disminuir las actividades que se realizan en el exterior en primavera y verano. Estas son medidas prácticas para evitar un posible cuadro alérgico,

Ahora bien, debido a que los agentes externos son los causantes de la fiebre del heno, puede resultar realmente difícil no sufrir un episodio aunque se tomen las medidas de precaución.

En ese caso, distintos medicamentos pueden ofrecer alivio, como los antihistamínicos, entre ellos loratadina, cetirizina y desloratadina, los cuales son ideales para todo tipo de personas al no ocasionar somnolencia ni afectar las funciones motoras o mentales. También existen esteroides nasales en forma de espray, que son utilizados para disminuir los estornudos, el goteo nasal o congestionamiento, aunque son más efectivos si se utilizan diariamente, pues su efecto se percibe a largo plazo.

Los lavados nasales con agua salada o soluciones especiales pueden resultar de gran ayuda, ya que limpian la nariz y disminuyen el goteo si se realizan con frecuencia. Lo recomendable es realizar este procedimiento dos veces por día antes de la aplicación de algún medicamento nasal.

Los descongestionantes son útiles para destapar la nariz, y existen en distintas presentaciones como pastillas, sprays y jarabes, aunque no se sugiere utilizarlos por más de cuatro días seguidos, de lo contrario pudieran causar efectos adversos.

En caso de que los síntomas no mejoren después de realizar alguno de los tratamientos antes mencionados, es de vital importancia consultar a un profesional en la salud, siendo un alergólogo o inmunólogo los más adecuados para este caso. Si no se recibe tratamiento rápidamente, es posible que surjan complicaciones aún mayores como la sinusitis, una infección o inflamación nasal.

 

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